El chaletito

     índiceUn episodio como el de la compra de una casa por parte de Pablo Iglesias e Irene Montero, aparentemente intrascendente en realidad. Ha servido de relleno y carnaza a muchos medios de comunicación durante un par de semanas y de excusa a los rivales para atacar a una formación política que es ciertamente incómoda tanto por sus postulados radicales como porque se erige a sí misma en la formación política de la “gente” común, la masa social, que es, al fin y al cabo, la inmensa mayoría. Sin embargo, lo aparentemente intrascendente tiene un trasfondo filosófico-político importante que ya se planteaba en los años siguientes a Mayo del 68 y que, creo, es un análisis que no se ha hecho hasta ahora. Primero, vayamos a los hechos:

     Pablo Iglesias e Irene Montero, Irene Montero y Pablo Iglesias (tanto monta), se han comprado un chalé. El monto total de la vivienda y la cifra elevada de su hipoteca ha sorprendido en una pareja que había criticado con anterioridad, precisamente, la especulación y, aún más, el alejamiento de la realidad que viven las bases de votantes de los políticos que adquieren ese tipo de viviendas en barrios como en el que se ubica la finca. Juan Carlos Monedero ha defendido a su amigo y el alcalde podemita de Cádiz, José María González “Kichi”, ha respondido en una carta abierta a Monedero lo siguiente: “¿Por qué crees que son tan jartibles con esto del domicilio de los de Podemos? Voy a compartir contigo una hipótesis que tengo: yo creo que es porque la gente está dispuesta a perdonarnos que nos equivoquemos con casi todo, que nos pasemos de rojos, que nos quedemos cortos de rojos, que nos pasemos de puros, que asumamos contradicciones, pero difícilmente nos van a perdonar que nos equivoquemos de bando, porque, como tú y yo sabemos, diga lo que diga Ciudadanos, hay muchas Españas y nosotros nos debemos a la de la gente humilde”. Ante el revuelo, Irene Montero daba explicaciones pormenorizadas de hipoteca, créditos y estrategia que iban a seguir para pagar el tal chalé. No fue suficiente para acallar las críticas en su propia formación y, finalmente, realizaron una consulta entre los inscritos e inscritas para avalar sus cargos. Si las bases no veían bien lo del chalé, dimitirían.

     kichinuevaHasta aquí los hechos. Ahora vamos con el análisis.

     Lo que se plantea realmente con la anécdota de la compra de esta vivienda no es, en el fondo, la coherencia de Irene y Pablo entre sus actos y las críticas que han vertido contra otros políticos y, ni siquiera, el hecho de si un comunista como Pablo Iglesias ha declarado ser, debe vivir o no en un chalé de lujo en un barrio rico o si pueden o no gastarse su dinero en lo que quieran. El debate, que ellos han intuido mejor que nadie (lo apunta el hecho de la convocatoria de la consulta) aunque creo que no conscientemente, y que Kichi ha dejado traslucir en su advertencia, está en el debate sobre la posibilidad de la representatividad.

     Recuérdese que el 15-M comenzó con un grito masivo y nuevo en la democracia contemporánea española y que las fuerzas políticas del momento estimaron como potencialmente muy peligroso ya que, efectivamente, comprometía nada más y nada menos que la función misma de estos políticos. “Que no, que no, que no nos representan” gritaba la masa. Esta consigna suponía que la ciudadanía demandaba gestionar su propia voz y no delegar en los políticos. Estaban gritando, sin saberlo, los millones de personas que se manifestaron en torno al 15-M, lo que ya habían proclamado Deleuze y Focault, en un célebre debate en 1972, aún en la resaca del mayo del 68 francés. Allí se dijo y se entendió que la gente sabía lo que quería, que era consciente de ello y que, al abrir los ojos, no necesitaba más que el político o el intelectual hablaran por ellos. El pueblo ya no necesitaba “ser representado”.

      En el 15-M, el pueblo había despertado, se había dado cuenta de que la supuesta democracia representativa en que vivían era una mentira, una farándula. Sus voces no estaban verdaderamente representadas por los políticos a los que habían votado. Los políticos no hablaban por la gente, no defendían los intereses de la gente, sino los suyos propios. Pero incluso eso era un asunto menor con lo que simbolizaba aquél grito. No era ya el constatar un hecho que había quedado patente, que los políticos no representaban a los ciudadanos. Era más. El grito decía, en realidad, que ya no querían ser representados por ellos, que querían hablar por sí mismos.

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Gayatri Ch. Spivak

Pero se da la paradoja, señalada por Gayatri Ch. Spivak en su obra ¿Pueden hablar los subalternos?, de 1988. El subalterno, decía allí Spivak, es decir, el sujeto que no forma parte de la elite, tal y como lo entendió Gramsci, no puede hablar. No porque literalmente no pueda, sino porque no tiene cabida en el discurso. El subalterno (traduzcámoslo ahora por “la gente”, “el pueblo llano”) tiene una voz disonante, no encaja, no puede convertirse en una opción al sistema o la estructura del sistema imperante porque, directamente, pretende una propuesta fuera de ese sistema. Más claro aún: la gente, efectivamente, no está representada. Y la paradoja radica en que, en el momento en que se organice para ser representada, deja de ser una voz disonante. No puede ser nunca representada porque “la gente” no es, diría Spivak, un sujeto unificado, sino que existe una multiplicidad de voces, de intereses, de propuestas, de protestas, de sujetos o potenciales sujetos políticos, no uno, sino tantos como individuos conformen eso que llamamos “la gente”.

     Así sucedió con Podemos. Nacido de las disconformidades varias aglutinadas en torno al 15-M, quiso convertirse en la voz de todas ellas, en su representante en medio de la no representación, como si todos los descontentos lo estuvieran por los mismos motivos y pretendieran los mismos fines. El nacimiento de Podemos contribuyó a dos fenómenos simultáneos: por un lado, “desactivó” las protestas ciudadanas, que se amansaron y se disgregaron o desaparecieron, ya que “ya había una voz que les representara”, como así pensaba la mayoría del común pese a la negativa de identificarse con ningún partido político que defendieron los colectivos que fueron los más legítimos representantes del 15-M (Toma la Plaza, Democracia Real Ya…). La cara B de ese fenómeno fue que el partido morado se integró en el sistema, de forma que su voz se fue moderando e integrando en el discurso, dejando de representar a la multiplicidad de voces de los Indignados.

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Ernesto Laclau

Es una situación parecida a la que podemos encontrar si oponemos las teorías de Paolo Virno y las del filósofo argentino Ernesto Laclau y su esposa, la también filósofa belga Chantal Mouffe. Para Laclau, el “Pueblo” es la formación de una identidad colectiva. Las identidades colectivas como sujeto político se forman siempre por la existencia de un suceso detonante que lleva a una confrontación. Es, precisamente, la confrontación (el Conflicto), lo que proporciona el nexo común para unificar los diversos intereses de los grupos heterogéneos que conforman el sujeto político o social. Para Laclau y Mouffe, el conflicto surge del encuentro de puntos comunes en los intereses de los grupos heterogéneos. Olvidándose de los detalles de cada exigencia concreta, esos puntos comunes, ese concepto unificador (un concepto que, por necesidad, ha de ser más o menos laxo o poco definido) que los autores llaman “significante vacío”, aglutina las diferentes protestas y demandas en una “cadena equivalencial” (en la terminología de estos pensadores) que, de funcionar por separado, no podrían tener éxito al no crear la presión suficiente como para iniciar un conflicto, una confrontación. En resumen: diferentes demandas sociales, que afectan a grupos heterogéneos, encuentran algún concepto que comparten a grandes rasgos y que hace equivalentes sus propuestas, de tal forma que les une en una oposición radical frente a un adversario.

 

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Chantal Mouffe

En esta dinámica, se constituye el sujeto político que llamamos “Pueblo”, que no deja de ser un constructo momentáneo y variable, ya que el sujeto no es fijo o estable, sino que sólo es un conjunto de relaciones que depende del lugar en que se sitúe cada uno de los grupos que son El Pueblo, es decir, de la cadena de reivindicaciones, posicionamientos, demandas, lazos de unión o de fricción que establezcan entre sí cada uno de los grupos. Un ejemplo: en Mayo del 68 el Partido Comunista Francés apenas participó en los inicios de los disturbios porque éstos no se generaron sobre un conflicto entre proletariado y patronato. Después, se sumó al movimiento e inmediatamente se desalineó una vez consiguió una serie de medidas laborales y salariales que nada o muy poco tenían que ver con las pretensiones estudiantiles que prendieron la mecha de esta revolución. El sujeto político (el Pueblo), se fue maleando, pues según las circunstancias, pasando de un grupo sin comunistas a otro que les integraba y a otro, después, en el que volvían a no estar los comunistas.

     En este tipo de constitución del sujeto político, no se le escapa a los autores, se necesita un “pegamento”, un personaje carismático que unifique sensibilidades y mantenga presente el Significante Vacío que aglutina a la masa heterogénea. Ese personaje es el líder. Pues bien, si bajamos a la arena, si pasamos de la teoría a los hechos, tal dinámica es la que ha dado lugar a Podemos: un líder que hace suyo el Significante Vacío y pretende aglutinar, así, a la “gente” (trasunto pabloiglesista de El Pueblo de Laclau/Mouffe).

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Paolo Virno

Frente a la postura de la unificación del Pueblo en torno a un Significante Vacío, opone Virno la idea de la diversidad irreductible de la multitud y la posibilidad de ésta para constituir un sujeto político. El movimiento de los Indignados y el 15-M surge de concebir la participación del ciudadano en la elaboración de un discurso diferente al convencional, al oficial, pero de forma que no se deje constreñir por los limitadores márgenes que permiten las políticas estatales, basadas en la democracia representativa. Para ello, la multitud debe seguir dispersa porque funciona mejor que cuando se unifica. Para crear ese discurso, para desarrollar una política emancipadora del discurso oficial estatal y de la tutela de los poderes públicos, la gente debe constituirse en experiencias de organización no estatales, tal como hicieron las Asambleas de Indignados. Es, así, la Multitud, un concepto que idea Toni Negri, el nuevo sujeto político, que se construye en la diversidad de los grupos que lo forman pero que puede actuar de manera conjunta gracias a las redes sociales. O, en otras palabras: no puede darse voz a la Multitud porque es, por definición, un coro de voces y su sistema de organización debe implicar una diversidad de mecanismos de gobierno parcial (como el movimiento asambleario y por círculos que nació de la rama de Toma la Plaza de los Indignados), diferentes a la democracia representativa que reduce la participación ciudadana al voto cada cuatro años. Aquí, es obvio, no se habla de líderes.

     Por lo tanto el 15-M, los Indignados, fueron un grupo heterogéneo a los que no unía un líder y que formulaban demandas distintas que sólo mantenían, eso sí, un punto común: la falta de representatividad de sus voces en el colectivo político. Podemos es, quiera lo que quiera Pablo Iglesias, un colectivo político que ha querido aglutinar y unificar la indignación ciudadana pero que, al hacerlo, ha tenido forzosamente que definir su mensaje, crear un discurso compacto y unívoco, dejado atrás lo que constituía la esencia del movimiento 15-M: la heterogeneidad, la diversidad, la no unidad de demandas. En el 15-M había jóvenes, ancianos, maestros, sanitarios, parados, trabajadores, analfabetos, intelectuales… Todos cabían porque todos tenían una voz propia. En el momento en que alguien pretende reunificar las voces el coro pasa a ser solista y la canción no suena igual.

Indignados

     En definitiva -y casi acabo-, Podemos no puede ser la voz del 15-M o, lo que es igual, Podemos “no nos representa”, no puede representarnos a todos, sino sólo a los seguidores de Podemos. Y éste es el problema real que remueve el asunto del chalé de Pablo Iglesias (que, en otro orden de cosas, ¡oiga, haga lo que quiera con su dinero!). Cuando defines tu clase social dejas de representar al resto. No se puede ser la voz de todos pero actuar sólo como unos pocos. De hecho, es imposible ser la voz de todos pero –y ahí es donde acierta de pleno el análisis de Kichi-, si se puede perdonar a alguien que se equivoque, no se le puede perdonar que quiera ser la voz de todos (algo imposible) y escoja ser la voz de los menos. Sería más disculpable o sería menor el error si actuara como la “voz” de la mayoría (aspiración legítima, aunque también, sospecho, altamente complicada). O en otras palabras: no digas que nos representas a todos si ni siquiera actúas como nosotros. Lo que tiendo a pensar es que, con el tiempo, se verá que Podemos es un partido, que representa sólo a los suyos y que, como Virno defiende, la voz de la multitud debe seguir resonando como multitud o, en el peor de los casos y desgraciadamente, la voz del subalterno no puede, por su propia esencia, ser oída. Espero que esto último no sea verdad.

     No sé si me explico.

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El sainete de Fernández

     Resultado de imagen de jorge fernández díazMientras el ABC hoy prefiere abrir con la presunta “crisis nacionalista” de Podemos (y no cabe duda que tanto debate interno es bueno y no se había visto de manera tan sana desde hace muchos años en democracia, pero puede acabar el aún naciente partido de Iglesias), el resto de diarios lo hace con lo que importa de verdad o, al menos, con lo que debería importarnos: el nombramiento de Fernández Díaz como presidente de la Comisión de Peticiones del Parlamento. La operación “salvemos a JFD” se ha sumado a las ya demasiadas charlotadas, libretos de opereta bufa, espectáculos de circo de provincias venido a menos y folletín de colegiales que han llenado la “política” española o lo que queda de ella en estos últimos meses. Echemos un vistazo a su sinopsis.

     En un país de cuento y miento, Jorge Fernández Díaz (JFD), el otrora Ministro de Interior del gobierno del Cada-Vez-Más-Poderoso, Mariano Rajoy,  tenía muchos motivos para ser reprobado por la Cámara Alta del Gobierno y lo fue. No sólo por su sorprendente visión de la entrega y dedicación de la Virgen María en sus diferentes formas y apariciones como merecedora en dos ocasiones de medallas al mérito policial, sino, principalmente,  por el uso torticero de su cargo para lanzarle un órdago a Paesa y convertirse en espía de podemitas y catalanes nacionalistas.

     Por eso, el Congreso de los Diputados, con el PP en contra, lo reprueba.

     Por un momento confundidos, desconcertados, apenados casi, creemos que ahí acaba la historia. Breve, juiciosa, impecable en su desarrollo y moraleja como una fábula de Esopo. Cuando de pronto, como en las sagas cinematográficas, el héroe o el villano, etiqueten ustedes, resucita cual Ave Fénix y le vemos como candidato a ocupar la presidencia de una de las Comisiones del propio Congreso que le había reprobado. Nada menos que la de Exteriores (tal vez en previsión de que Catalunya sea pronto otro país) Y comienza la chirigota (con perdón para los gaditanos).

     Resultado de imagen de PPPor un lado, el PP y su prensa asalariada comienzan a hablar de él como un gran ministro, casi una figura histórica a las que las generaciones venideras, acusándonos con el dedo por no haber reparado en su nobleza y bondad, alcen a pedestales y vidrieras y consagren páginas y páginas en mamotretos de historia. Por supuesto, Este prohombre, todo dedicación y servicio por los ciudadanos, ha sido víctima de una conspiración orquestada en la sombra por adversarios políticos infames y de arrastrada ralea. ¿De qué otra manera se comprende que un ministro de moral tan excelsa, que se hace selfies con la Virgen y escucha con fruición por los rincones, escudriña por las mirillas y hurga en los cajones para prevenir que nadie trunque la unidad de España, haya sido tan vilipendiado? Hay que recompensar ese brío en la defensa de los intereses del país, remunerar los servicios prestados y resolverle la vida dignamente, como el señor feudal hacía con su sirviente más fiel. ¿A quién molesta que se le dé una comisioncilla y sus equivalentes mil euros más de salario al mes?.

     Resultado de imagen de Podemos caricaturaSus principales adversarios, los podemitas, tienen una imagen un poco sectaria. Se hacen llamarcamaradas y caminan en círculos hasta que deciden grupalmente qué camino seguir, deciden maniobrar contra el nombramiento y comienzan a andar en círculos, muy concentrados, mientras piensan qué hacer. Su líder, Pablo Iglesias (nadie sabe bien si es su nombre verdadero o lo ha copiado del fundador de otra facción, los socialistas, para confundirles y usurparles el primer puesto en la oposición), que lleva coleta y viste de saldo, decide que intentarán convencer a todos para que voten que no a la candidatura de JFD. “Si hace falta”, advierte en un gesto de sobreactuada tensión contenida, “presentaremos otro candidato”. De entre el grupo se escucha una voz gritar “tú, Pablo, tú mismo ¿quién mejor?” Y aunque renuncia a tal honor, pone los brazos en cruz y come un poco de pan y vino de kilómetro cero.

     Resultado de imagen de antonio hernandoPor otro, los socialistas. Cargados de compromiso con la palabra dada, fieles a su glorioso empecinamiento en sus decisiones, que tantas glorias ha dado en el pasado, aseguran que las presidencias de las comisiones están pactadas (de lo cual nos enteramos gracias a su franqueza) y que, palabra obliga, ahora no van a desdecirse cuando nunca lo han hecho. “sí es sí”, se oye retumbar en la mente de Antonio Hernando, su portavoz. Ahora, más que nunca, el PSOE no tiene más que una palabra. Y enarbolando como otras veces la bandera de la responsabilidad, se abstendrá.

     Tan es así su entereza, que ni a las tentaciones del niño Íñigo (Errejón), ceden los valientes socialistas. El podemita tentador, cual serpiente del Paraíso (sería, sin duda, un paraíso Miltoniano o Dantesco, culto en cualquier caso, no bíblico y popular, en todo caso populista), el podemita, decía, les seduce y embriaga con promesas ladinas: “votaremos al que vosotros digáis, pero no dejéis  que presida JFD”. ¡Vade retro!, le responden. “Tenemos un juramento y un pacto. Nosotros no rompemos pactos”. Sé fuerte Antonio (Hernando).

     Claro que, bien mirado, y dado que JFD ha sido reprobado, alguien por tierras andaluzas, las mismas por donde vela la patria la Virgen de los Dolores o de por ahí al lado, abre los ojos a tiempo  y frena el desvelo socialista. Deciden que no pueden consentirlo y, desde las tierras del Sur, se oye su voz tronar: “JFD no será presidente de ninguna Comisión”. Los socialistas, están satisfechos. Votarán “no”, porque “no” es “no” y en el fondo de su alma siempre han deseado impedir que JFD sea presidente de nada. Menos mal que está ella, la Dama del Sur, para reconducir los destinos socialistas, como otra patrona milagrosa de esas que antaño se llevaban las medallas meritorias. ¡Viva Susana!¡Al cielo con ella! O al menos, dada su modestia, pidámosle, roguémosle que ascienda siquiera a la Secretaría General.

     Falta en este sainete otro personaje. Mientras sus mayores se disputan la baza de la dignidad, los jóvenes juegan a los colorines. Unos son Morados, otros Naranjas (Tigres, Leones, todos quieren ser los campeones, cantaba hace tanto Torrebruno)

     Resultado de imagen de Rivera ciudadanosRibera y sus Ciudadanos parecen, más que independientes, desnortados, viviendo cual vagabundo (¡Buenas noches, señora, buenas noches señora!¡Hasta la vista!), a la sombra del árbol que más cobija. Ayer quisieron sumarse a los socialistas creyendo posible el silencio de los morados. En su singular cruzada contra el deshonor y la corrupción, en el campo de batalla de la campaña electoral resonaban los gritos de “¡no con Rajoy!”, que quedaron tendidos junto con otros cadáveres de la contienda, olvidados en territorio comanche. Ciudadanos, como inspirados por el muy coherente Antonio Hernando, pasaron del “PP no” al “PP bueno, pero sin Mariano”. Luego del “Mariano vale, pero sin corrupción” (¿?) al “JFD debe presidir la Comisión”. Ribera y los suyos alegaron razones de gran peso (al menos para un niño de cinco años) para tolerar al ministro desahuciado: “es que, si se cambia una tenemos que cambiar todas las comisiones. ¡vaya faena!”.

     Pero el espíritu de Hernando seguía flotando sobre las aguas. Y Ribera dijo: “no es bueno que el PSOE esté solo” y anunció que votaría que no.

     El líder de los morados podemitas mueve la coleta y ríe. Los de Iglesias están alegres porque han visto que su táctica de repetir a diestro y a siniestro (dicen ellos que son transversales) su consigna contra el malvado exministro, aunque pronto empiezan a comprender que las medallitas se las están poniendo otros y, en el reparto, no queda ninguna ni para ellos ni para la Virgen del Paño (tan andaluza como las otras), ni para ellos.

     Visto lo visto, en el gran final de la pantomima, el PP pide una tregua, se enclaustra, reflexiona, sufre en silencio, llora, se rasga las vestiduras, debate, se tranquiliza, busca, halla.

     JFD no se presentará a la presidencia de la comisión de Exteriores. Este señor no puede ser electo de nada porque está reprobado… ¡Por eso le damos la Comisión de Peticiones!

     Gran alborozo y festejos. Los cerebros del PP han logrado salir airosos una vez más. La Comisión de Peticiones se nombra dactilarmente (no confundir con digitalmente). No hay referéndum, no hay consulta, no hay votos, no hay asalto a la moral (si la hubiere –moral- y llegase a aparecer por algún lado).

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     Con vítores y hurras, el líder del PP sale a hombros por el pasillo central y la puerta grande, seguido de socialistas y otros Ciudadanos que le acompañan a regañadientes pero no piensan quedarse solos.  Únicamente una delgada silueta, malévola y con cola de caballo en el pelo, abandona la escena con gesto frustrado andando por las sombras y empujando a su pequeño acompañante. Entonces, la figura solitaria de JFD, avanza desde el fondo del escenario, donde ha estado todo el tiempo sin ser notado, y mira en lontananza. A un lado Asia, al otro Europa, allá, a su frente, Estambul. Pero el exministro se gira, da la espalda a ese mundo que hoy es ya pasado y vuelve su rostro al futuro, hacia las peticiones de los ciudadanos de a pie, ésos que hoy llenamos el patio de butacas y cuyas peticiones al Congreso él decidirá, si son buenas para Dios, para España y el Rey.

     TELÓN y aplausos.

De Procesos Constituyentes y otros infiernos

CE¡¡Feliz año a todos!!

Me hubiera gustado comenzar el año reflexionando sobre cuestiones de grave importancia para el futuro de la humanidad o de España. Al fin y al cabo, comienza un año que se ha convertido, en cierta manera, en un año mítico. Si el “efecto 2000” que iba a apagar todos nuestros ordenadores y que traía implícito el estigma de los años “milenio” en su numeración, convirtió a ese año en destacable o, por ejemplo, si el calendario maya, que alguien entendió equivocadamente como “profecía maya”, consagró el 2012 en la imaginería de los años especiales, el 2015, de igual manera, supone el año en que nuestro país vivirá dos jornadas electorales (municipales/autonómicas y generales). ¡Eso si Mas, en Cataluña, no decide anticipar las autonómicas catalanas!. Es el año, también, en que Obama dejará su cargo, en que descubriremos la verdadera fuerza de Podemos, en el que tiene que llover o la sequía acabará con las escasas reservas de agua de que disponemos. Es el año en el que el paro baja o ya no dejará de subir. El año en que cumplirá un año como rey el Príncipe (perdón, Su Majestad el Rey Felipe VI (del que, por cierto, me perdí el discurso de Navidad). Vamos, un año calentito.

Me gustaría, también, que éste fuera a ser el año en que acabarán las guerras, las pensiones se garanticen “in aeternum”, los desahucios desciendan hasta números irrisorios, la prima de riesgo se vaya a la Costa Brava con mi tía y aprenda a pasárselo tan bien que no nos dé nunca más la tralla (mi tía es un “crack” animando las fiestas) ningún niño pasara hambre y los asesinos de esposas y exnovias, cambiaran de idea justo antes de tener ninguna que implique acoso o violencia. Me temo, sin embargo, que no va a ser.

Pero no me encuentro con ganas de hablar de nada de ello. Algunos temas se me escapan por complejos, otros por no suficientemente madurados y otros, en definitiva, no me apetecen por estar muy vistos.

Así que he pensado hablar de procesos constituyentes. O, mejor dicho, de uno. En España, Podemos propone abrir un proceso constituyente, que viene a ser algo así como romperlo todo y comenzar de cero. Pensar de nuevo el guión, los personajes protagonistas y los diálogos de esta película que llamamos España, sea lo que diantres sea eso. Y ya está abierto otra vez el cofre de Pandora, ya ha venido el infierno, ya cabalgan de nuevo los cuatro del apocalipsis y suenan las trompetas de siete ángeles (que con la corrupción afectando a todos los poderes fácticos deben ser los únicos que queden por ahí arriba).

IP0qNevBEn pocas palabras: Podemos propone reescribir la Constitución y elegir de nuevo nuestro camino, mientras que desde el resto de partidos se le azuzan los perros y se advierte de lo funesto que sería o, mucho más cautamente, se dice que “ahora no es el momento”, “nuestra Constitución goza de buena salud” o “los españoles tienen otras cosas en que pensar en este momento” porque “hay temas más prioritarios que solucionar”. La impresión que tengo, dicho sea de paso, es que nos van a seguir dando esas “otras cosas” para que nunca “sea el momento” de pensar en refundar los cimientos.

Sinceramente: no sé muy bien si es o no necesario realizar ahora un “proceso constituyente”, pero sí sé que me gustaría poder valorarlo teniendo claros los argumentos de cada postura.

Podemos me las explica y yo puedo intuirlas: me dicen que, ahora que la monarquía está “tocada” en la línea de flotación y su imagen comienza a ser la copia en sepia de esa imagen a todo color que nos ofrecían antes, quizás sea hora de pensar si queremos, o no, continuar siendo una monarquía parlamentaria. Me dicen que el poder judicial depende demasiado del ejecutivo (¿cómo pueden llamarse liberales de verdad los que apoyan este sistema ante la evidencia de la que habla Podemos?), que se debe garantizar realmente la participación ciudadana, el acceso a la vivienda, la dignidad de la gente. Me dicen que ellos quieren la unidad de España pero que la gente debe tener la suficiente capacidad de decidir por sí misma, participativamente, el modelo territorial que desean.  Cosas, algunas, que están ahí, en la Carta Magna, pero que no se cumplen; y otras que deberían estar, pero no figuran.

Puedo estar de acuerdo con ellos o no. O puedo estarlo sólo en algunas cosas. Pero comprendo estas razones con sólo mirar alrededor, donde la mitad de los jueces que juzgan a los políticos corruptos los han designado a dedo los políticos que ahora se sientan en los banquillos (no hablo de fútbol); cuando escucho y leo que los desahucios se han incrementado en España casi un 20% en este año; cuando me entero del nombre de las amantes del abdicado Juan Carlos o veo a la infanta Cristina recorrer el camino de Ginebra a los juzgados como imputada; cuando veo las Diadas catalanas reclamando un referéndum (uno de verdad, digo), cuando la sanidad pública no me paga mi medicamento contra la hepatitis o cuando sospecho que a la Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana (alias “Ley Mordaza”), le cuadra más el nombre de Ley de Protección del Político y el Poder. Son sólo algunas pocas cosas, entiendo (¡no atosiguen!, sólo he echado una mirada ahí fuera, aún no he puesto el pie fuera del portal).

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Viñeta de Napi para eleconomista.es

Las razones opuestas, sin embargo, me son más incomprensibles porque sólo me provocan más dudas: “no es el momento” (¿quién lo decide?, ¿cuándo lo será? O, aún mejor, ¿qué condiciones deben darse para que sea el momento?), “la ciudadanía tiene cosas más importantes en qué pensar” (¿qué cosas que no estén relacionadas con la Constitución y el Estado? Defínanme “importancia” ¿es baladí preocuparse por el modelo de Estado, el modelo territorial y porque las leyes garanticen no sólo los derechos fundamentales, sino los mecanismos que los lleven a cumplimiento?), “ahora no toca” (¿cuándo toca?), “la Constitución goza de buena salud” (entonces ¿por qué se ha reformado ya antes?, ¿dónde está el médico que lo ha diagnosticado así?¿cuándo se consideraría que no goza de buena salud?: ¿cuando la monarquía tenga una heredera mujer mientras reina la ley sálica?, ¿cuando crece por días el movimiento republicano?, ¿cuando las garantías de vivienda y trabajo digno no se cumplan? ¿cuando se resquebraje el sistema público de sanidad, pensiones, educación…?¿cuando la economía haya de reestructurarse hasta el punto de camuflar un rescate europeo?¿cuando tiemble la unidad territorial?¿cuando haya más parados sin renta básica o ayuda social?…), “cambiar la Constitución es muy complejo” (¿Sí? ¿no se pusieron de acuerdo en un plazo de dos meses PP y PSOE para cambiar el artículo 135?)

No sé. Tal vez no sea momento para cambiar tantas cosas incambiables, pero me gustaría saber por qué. No me valen los argumentos que se me han dado para negar la oportunidad del momento porque me parecen tan ambiguos como mi horóscopo de hoy en el periódico. No se me dan razones concretas para desengañarme de todo lo que me convencen los de Podemos, ni razones suficientes para apoyar las mías allí donde no estoy de acuerdo con Podemos.

Y, como posdata, otra cosa me preocupa. ¿Por qué pedir la reforma constitucional ahora (y no en 2011) es conjurar las fuerzas del infierno? Y así, en general, ¿Qué les asusta tanto de Podemos? Si ustedes lo observan (y si no es así, me corrigen), la lucha política hace que los partidos se llamen corruptos, ladrones, equivocados, acabados, agotados, demagógicos, populistas… Pero en ningún caso (ni siquiera cuando critican a IU, tan cerca de Podemos en algunas cosas), se asevera con tanta contundencia como lo hacen con Podemos sus rivales, que si llegan a gobernar España irá a la ruina, se hundirá económicamente, seremos poco menos que colombianos hambrientos merodeando las calles, se destruirá todo lo construido hasta ahora, se desgajará España por los Pirineos y se hundirá, cual heroico Titanic, en las aguas del Mediterráneo y el Atlántico mientras en lo más alto del Palo Mayor Pablo Iglesias, brazos en cruz, coleta al aire, chilla enaltecido: “Soy el Primer Ministro del Mundo” (porque lo de Rey del Mundo no lo iba a concebir).