El sainete de Fernández

     Resultado de imagen de jorge fernández díazMientras el ABC hoy prefiere abrir con la presunta “crisis nacionalista” de Podemos (y no cabe duda que tanto debate interno es bueno y no se había visto de manera tan sana desde hace muchos años en democracia, pero puede acabar el aún naciente partido de Iglesias), el resto de diarios lo hace con lo que importa de verdad o, al menos, con lo que debería importarnos: el nombramiento de Fernández Díaz como presidente de la Comisión de Peticiones del Parlamento. La operación “salvemos a JFD” se ha sumado a las ya demasiadas charlotadas, libretos de opereta bufa, espectáculos de circo de provincias venido a menos y folletín de colegiales que han llenado la “política” española o lo que queda de ella en estos últimos meses. Echemos un vistazo a su sinopsis.

     En un país de cuento y miento, Jorge Fernández Díaz (JFD), el otrora Ministro de Interior del gobierno del Cada-Vez-Más-Poderoso, Mariano Rajoy,  tenía muchos motivos para ser reprobado por la Cámara Alta del Gobierno y lo fue. No sólo por su sorprendente visión de la entrega y dedicación de la Virgen María en sus diferentes formas y apariciones como merecedora en dos ocasiones de medallas al mérito policial, sino, principalmente,  por el uso torticero de su cargo para lanzarle un órdago a Paesa y convertirse en espía de podemitas y catalanes nacionalistas.

     Por eso, el Congreso de los Diputados, con el PP en contra, lo reprueba.

     Por un momento confundidos, desconcertados, apenados casi, creemos que ahí acaba la historia. Breve, juiciosa, impecable en su desarrollo y moraleja como una fábula de Esopo. Cuando de pronto, como en las sagas cinematográficas, el héroe o el villano, etiqueten ustedes, resucita cual Ave Fénix y le vemos como candidato a ocupar la presidencia de una de las Comisiones del propio Congreso que le había reprobado. Nada menos que la de Exteriores (tal vez en previsión de que Catalunya sea pronto otro país) Y comienza la chirigota (con perdón para los gaditanos).

     Resultado de imagen de PPPor un lado, el PP y su prensa asalariada comienzan a hablar de él como un gran ministro, casi una figura histórica a las que las generaciones venideras, acusándonos con el dedo por no haber reparado en su nobleza y bondad, alcen a pedestales y vidrieras y consagren páginas y páginas en mamotretos de historia. Por supuesto, Este prohombre, todo dedicación y servicio por los ciudadanos, ha sido víctima de una conspiración orquestada en la sombra por adversarios políticos infames y de arrastrada ralea. ¿De qué otra manera se comprende que un ministro de moral tan excelsa, que se hace selfies con la Virgen y escucha con fruición por los rincones, escudriña por las mirillas y hurga en los cajones para prevenir que nadie trunque la unidad de España, haya sido tan vilipendiado? Hay que recompensar ese brío en la defensa de los intereses del país, remunerar los servicios prestados y resolverle la vida dignamente, como el señor feudal hacía con su sirviente más fiel. ¿A quién molesta que se le dé una comisioncilla y sus equivalentes mil euros más de salario al mes?.

     Resultado de imagen de Podemos caricaturaSus principales adversarios, los podemitas, tienen una imagen un poco sectaria. Se hacen llamarcamaradas y caminan en círculos hasta que deciden grupalmente qué camino seguir, deciden maniobrar contra el nombramiento y comienzan a andar en círculos, muy concentrados, mientras piensan qué hacer. Su líder, Pablo Iglesias (nadie sabe bien si es su nombre verdadero o lo ha copiado del fundador de otra facción, los socialistas, para confundirles y usurparles el primer puesto en la oposición), que lleva coleta y viste de saldo, decide que intentarán convencer a todos para que voten que no a la candidatura de JFD. “Si hace falta”, advierte en un gesto de sobreactuada tensión contenida, “presentaremos otro candidato”. De entre el grupo se escucha una voz gritar “tú, Pablo, tú mismo ¿quién mejor?” Y aunque renuncia a tal honor, pone los brazos en cruz y come un poco de pan y vino de kilómetro cero.

     Resultado de imagen de antonio hernandoPor otro, los socialistas. Cargados de compromiso con la palabra dada, fieles a su glorioso empecinamiento en sus decisiones, que tantas glorias ha dado en el pasado, aseguran que las presidencias de las comisiones están pactadas (de lo cual nos enteramos gracias a su franqueza) y que, palabra obliga, ahora no van a desdecirse cuando nunca lo han hecho. “sí es sí”, se oye retumbar en la mente de Antonio Hernando, su portavoz. Ahora, más que nunca, el PSOE no tiene más que una palabra. Y enarbolando como otras veces la bandera de la responsabilidad, se abstendrá.

     Tan es así su entereza, que ni a las tentaciones del niño Íñigo (Errejón), ceden los valientes socialistas. El podemita tentador, cual serpiente del Paraíso (sería, sin duda, un paraíso Miltoniano o Dantesco, culto en cualquier caso, no bíblico y popular, en todo caso populista), el podemita, decía, les seduce y embriaga con promesas ladinas: “votaremos al que vosotros digáis, pero no dejéis  que presida JFD”. ¡Vade retro!, le responden. “Tenemos un juramento y un pacto. Nosotros no rompemos pactos”. Sé fuerte Antonio (Hernando).

     Claro que, bien mirado, y dado que JFD ha sido reprobado, alguien por tierras andaluzas, las mismas por donde vela la patria la Virgen de los Dolores o de por ahí al lado, abre los ojos a tiempo  y frena el desvelo socialista. Deciden que no pueden consentirlo y, desde las tierras del Sur, se oye su voz tronar: “JFD no será presidente de ninguna Comisión”. Los socialistas, están satisfechos. Votarán “no”, porque “no” es “no” y en el fondo de su alma siempre han deseado impedir que JFD sea presidente de nada. Menos mal que está ella, la Dama del Sur, para reconducir los destinos socialistas, como otra patrona milagrosa de esas que antaño se llevaban las medallas meritorias. ¡Viva Susana!¡Al cielo con ella! O al menos, dada su modestia, pidámosle, roguémosle que ascienda siquiera a la Secretaría General.

     Falta en este sainete otro personaje. Mientras sus mayores se disputan la baza de la dignidad, los jóvenes juegan a los colorines. Unos son Morados, otros Naranjas (Tigres, Leones, todos quieren ser los campeones, cantaba hace tanto Torrebruno)

     Resultado de imagen de Rivera ciudadanosRibera y sus Ciudadanos parecen, más que independientes, desnortados, viviendo cual vagabundo (¡Buenas noches, señora, buenas noches señora!¡Hasta la vista!), a la sombra del árbol que más cobija. Ayer quisieron sumarse a los socialistas creyendo posible el silencio de los morados. En su singular cruzada contra el deshonor y la corrupción, en el campo de batalla de la campaña electoral resonaban los gritos de “¡no con Rajoy!”, que quedaron tendidos junto con otros cadáveres de la contienda, olvidados en territorio comanche. Ciudadanos, como inspirados por el muy coherente Antonio Hernando, pasaron del “PP no” al “PP bueno, pero sin Mariano”. Luego del “Mariano vale, pero sin corrupción” (¿?) al “JFD debe presidir la Comisión”. Ribera y los suyos alegaron razones de gran peso (al menos para un niño de cinco años) para tolerar al ministro desahuciado: “es que, si se cambia una tenemos que cambiar todas las comisiones. ¡vaya faena!”.

     Pero el espíritu de Hernando seguía flotando sobre las aguas. Y Ribera dijo: “no es bueno que el PSOE esté solo” y anunció que votaría que no.

     El líder de los morados podemitas mueve la coleta y ríe. Los de Iglesias están alegres porque han visto que su táctica de repetir a diestro y a siniestro (dicen ellos que son transversales) su consigna contra el malvado exministro, aunque pronto empiezan a comprender que las medallitas se las están poniendo otros y, en el reparto, no queda ninguna ni para ellos ni para la Virgen del Paño (tan andaluza como las otras), ni para ellos.

     Visto lo visto, en el gran final de la pantomima, el PP pide una tregua, se enclaustra, reflexiona, sufre en silencio, llora, se rasga las vestiduras, debate, se tranquiliza, busca, halla.

     JFD no se presentará a la presidencia de la comisión de Exteriores. Este señor no puede ser electo de nada porque está reprobado… ¡Por eso le damos la Comisión de Peticiones!

     Gran alborozo y festejos. Los cerebros del PP han logrado salir airosos una vez más. La Comisión de Peticiones se nombra dactilarmente (no confundir con digitalmente). No hay referéndum, no hay consulta, no hay votos, no hay asalto a la moral (si la hubiere –moral- y llegase a aparecer por algún lado).

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     Con vítores y hurras, el líder del PP sale a hombros por el pasillo central y la puerta grande, seguido de socialistas y otros Ciudadanos que le acompañan a regañadientes pero no piensan quedarse solos.  Únicamente una delgada silueta, malévola y con cola de caballo en el pelo, abandona la escena con gesto frustrado andando por las sombras y empujando a su pequeño acompañante. Entonces, la figura solitaria de JFD, avanza desde el fondo del escenario, donde ha estado todo el tiempo sin ser notado, y mira en lontananza. A un lado Asia, al otro Europa, allá, a su frente, Estambul. Pero el exministro se gira, da la espalda a ese mundo que hoy es ya pasado y vuelve su rostro al futuro, hacia las peticiones de los ciudadanos de a pie, ésos que hoy llenamos el patio de butacas y cuyas peticiones al Congreso él decidirá, si son buenas para Dios, para España y el Rey.

     TELÓN y aplausos.

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Monago y los niños

A veces viene bien la reflexión tranquila de un blog que no tiene Dead line como dicen los angloparlantes, que no tiene fecha de entrega, vaya. Así, se puede hablar de lo ocurrido con más reposo y con las ideas más maduras y, sobre todo, habiendo visto ya las reacciones a la noticia. Es el caso.

¿A quién puede molestar que un senador viaje, por motivos propios de su cargo, a cualquier punto del país donde le reclame el servicio al ciudadano? A mí, al menos, no. ¿Quién no aplaudiría que un político que haya cometido algún “error” o mal cálculo, no sé bien. devuelva el dinero público que empleó para un fin personal? Todos deberíamos apoyar el gesto. Y ¿qué ciudadano no se sentiría orgulloso de que un alto cargo público, por ejemplo, todo un presidente de una Autonomía, no sea un adalid abanderado contra la corrupción moral y económica de su propio partido y azote de la falta de ética en la política en general? Todos lo estaríamos.

Y, entonces… ¿qué pasa con Monago? ¡Ay; Monago no me encaja!

 

Busquemos las cinco diferencias.

Primera: los viajes de Monago no fueron por motivos propios de su cargo sino para visitar a su novia, tal y como ella misma reconoció.

Segunda: Ni siquiera, aunque no fueran por motivos propios del cargo, aprovechó para realizar ningún servicio al ciudadano, sino sólo, tal vez, a una ciudadana o a sí mismo.

Tercera: la devolución del dinero no se hace motu proprio, por coherencia moral y reconocimiento del error, sino porque los medios han descubierto el “pastel” y se busca una salida digna o, al menos, no muy incómoda, olvidando que, con anterioridad, había justificado esos viajes. En otras palabras: no hay arrepentimiento ni “descubrimiento” de que se ha estado cometiendo, sin saberlo, un acto poco ético (que no ilegal, lo reconocemos, aunque en eso entraremos luego), sino que, pensando que hacía igual de bien que los demás que también lo hacen, se ha visto sorprendido por esos malditos e intrigantes periodistas, siempre tan molestos ellos, y recriminado por el vulgo, tan vulgar él (el vulgo, claro). Es decir, no hay voluntad ética, sino sólo lavado de imagen. ¿Se entiende ahora?

Cuarta: Se da la circunstancia de que, además, no se trataba de un “error” o un “mal cálculo” –amén del derivado de esperar que no le cogieran nunca con el carrito del helado, claro-. Se trata de un acto deliberado y que sabía, perfectamente, que realizaba con el dinero de todos.

Quinta: Monago ha sido un adalid de la transparencia, sí, pero mientras a sus espaldas escondía que abusaba del dinero público, como aquellos a los que señalaba con el dedo. ¡Eso está muy feo, señor Monago!

 

No me escandaliza Monago, sin embargo, lo suficiente como para dedicarle un artículo de este blog. Apenas sí es comparable a las tramas Gürtel, ERE de Andalucía, cursos de formación de los sindicatos, Brugal, Púnica, Enredadera… Sin embargo, sí merece la pena, en opinión de este escribiente, considerar lo que se ha derivado de esta noticia, desvelada (una vez más), no por los compañeros de Morago, sea en su partido o frente a él, sino por la prensa.

Me refiero a que gracias a la imprudencia del señor Monago, hemos sabido todos que hay más cosas de las que ya conocíamos, que se hacen sin ningún control, con nuestro dinero, el dinero público. Como, por ejemplo, viajar para ver a una novia. ¡Un, dos, tres, responda Vd. otra vez!

Da envidia (de la mala, que la sana no creo que exista), conocer cómo funcionan democracias como la sueca o la noruega, donde todo lo que se hace con el dinero público queda fiscalizado y puede ser consultado, por cualquier ciudadano que lo solicite, recibiendo esa información en un periodo de tiempo mínimo. Aquí, se nos explica… o, mejor, se justifica, que los viajes de Morago y de cualquier otro parlamentario, no quedan registrados. No hay control alguno sobre ellos. Que es algo así como una tradición, como el toro de la Vega (también muy poco reprobable), que nuestros parlamentarios ya no son unos niños a los que haya que corregir, educar, reconvenir como Serrat: “eso no se dice, eso no se hace, eso no se toca”. Sin embargo, ellos, como en la canción, siguen “jodiendo con la pelota”.

Es inconcebible que, a estas alturas de democracia, quede sin control un dinero que se destina a un servidor público. ¿Habrá que volverlo a decir más alto? SERVIDOR público. Un dinero de todos, de usted y mío, no “de nadie”, como afirmaba otra diputada.

No se trata, pues, de desconfiar de nadie ni de salpicar a terceros con la corrupción de los que ya son corruptos manifiestos, por mucho que nos tiente la “experiencia acumulada”. Se trata de que, bien a las claras, parece que nuestras instituciones desconfían de los ciudadanos, de su control. Siguen pensando que son ellos los que gobiernan y que, por ende, no nos tienen que dar cuentas de lo que hacen, ni del dinero (nuestro) que se gastan. Se molestan cuando les llamamos la atención y les recordamos que son asalariados de la ciudadanía y se burlan de quienes les pagan (nosotros) cuando nos toman, ellos sí a nosotros, por niños impertinentes que no se cansan de preguntar “¿y por qué?”. Se trata de que todas las democracias avanzadas entienden que “lo público” no es el cortijo de ningún gobernante y que el control que se ejerce sobre ello no es fruto de la desconfianza, sino de la transparencia, una cualidad que, a mi modo de ver, está indisolublemente ligada a la democracia y que debería haber nacido al mismo tiempo que las instituciones y no casi cuarenta años después.

¡Pero claro! Estos niños del Congreso, del Senado y de otros parlamentos españoles, aún no han crecido. Son ellos los que balbucean, todavía, con más desacierto que otra cosa, palabras como “Papá Estado” o “Mamá Europa”. ¡Cuánto más desacierto no tendrán cuando, en un acto de intrepidez, intentan pronunciar términos más complejos y algunas con más sílabas, como “transparencia”, “democracia” o “política”. Y no digo nada si, encima, queremos que conjuguen latín, por ejemplo, “res publica”.

¡si es que les pedimos demasiado!