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Entradas de Antonio García Sancho

Licenciado en Filosofía y Letras, en la especialidad de Filología Hispánica, por la Universidad de Alicante. Se ha interesado especialmente, en esta materia, por las técnicas narrativas y el estilo literario, llegando a impartir talleres de Creación Literaria. Trabaja como periodista en la cadena de radio Onda Cero y ha cursado estudios de postgrado sobre otros temas de su interés, como es la Criminología. Además, es Perito Calígrafo Judicial titulado y estudiante de filosófía autodidacta. Se confiesa adicto a los juegos de palabras y los chistes absurdos donde el lenguaje se fuerza hasta los límites de su significado. De esta pasión por las palabras, su significado y la forma en que configuran la realidad, deformándola o siendo fiel a ellas, nace su blog "La Web de las Palabras". También el mundo de la imagen es de su interés, especialmente el de la fotografía y, más en concreto, en la fotografía de moda y retrato, en la que también hace sus pinitos profesionales.

La fábula del Pequeño Nicolás

31 de Octubre de 2014

 

francisco-nicolas_9863c165_800x490Localidad de L’Alfàs del Pi, en el Día Nacional de Noruega. El entonces presidente del gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, visitaba el municipio para presidir un evento, en una emblemática plaza, junto con el Primer Ministro noruego (de éste, discúlpenme, no recuerdo el nombre), ante la nutrida comunidad de noruegos que viven en esa localidad.

Como periodista acreditado, llego temprano, me dirijo hacia el lugar donde me recibe el personal de seguridad que, con profesional meticulosidad, revisan la bolsa en la que llevo la grabadora y el micrófono, me pasan un detector de metales por el cuerpo y, libre de sospechas, me entregan mi credencial. Otros compañeros entraron cuando yo salían a sufrir el mismo ritual.

Mi sorpresa vino cuando, al llegar junto a la tarima destinada a los medios de comunicación, en la plaza veo, con asombro, las mochilas de mis compañeros apoyadas, sin haber pasado por revisión alguna, en los trípodes de las cámaras de televisión que cubrían el asunto. Justo frente a un pasillo que daba acceso directo al estrado donde, minutos después, estarían los mandamases. Me pregunté, entonces, y sigo haciéndolo ahora, qué garantías reales tenía el Presidente Zapatero de que, cualquiera, dejase convenientemente su mochila junto a las nuestras y luego, bajo la mirada tranquila de sus escoltas, haciéndose pasar, pongamos, por fotógrafo, acercarse lo suficiente a los dirigentes políticos como para perpetrar un atentado. Afortunadamente, no ocurrió.

Viene esta anécdota (gracias por la paciencia), a colación de lo ocurrido, mucho más recientemente, con “el pequeño Nicolás”, sobrenombre de cuento infantil que no indica, bien a las claras, lo preocupante del fondo de la cuestión.

El Pequeño Nicolás entró en la guarida de los lobos pero, en lugar de devorarle, se acercaron mansamente a comer de sus manos, a seguirle y guardarle las espaldas, esperando que les condujera, cual nuevo macho alfa de la manada, a escalafones de mayor éxito (quiero decir, dinero), a manadas con mayor fuste (quiero decir, con más comisiones disponibles) y a lobos de mayor prestigio (quiero decir, mejor colocados). Y tanto anduvo el Pequeño Nicolás entre los lobos, que un día descubrieron que no era uno de ellos y, unos, escandalizados, le arrojaron de su boca como al agua tibia (bíblicos ellos), otros le negaron tres veces y hasta cuatro si fue necesario, diciendo no conocerle y el Pequeño Nicolás, de repente abandonado y solo, fue apresado por los tramperos y alejado de la cueva de los lobos.

41cP1k6pCBL._SX335_BO1,204,203,200_A mi modo de ver, más que preguntarnos, que también, si este nuevo Fantomas sin máscara, maestro del “cuento largo” (como dicen en su jerga los timadores) y nuevo pícaro insigne, tenía padrinos que le hubieran permitido acceso fácil a tanto evento del PP y la Corte Real o todo se debió a su inteligencia de fabulador con carisma, debemos preguntarnos qué falla en el sistema de seguridad de los dirigentes políticos de nuestro país como para que “cualquiera” pueda acercarse tanto a poco que se lo trabaje y tenga las intenciones que tenga.

No estamos, pues, ante una anécdota más o menos divertida, como quieren hacer ver algunos, ni ante un desdichado error puntual. No es “sólo” una muestra más de nuestra idiosincrasia de charanga y pandereta, ni un esperpento que deba quedarse en alimento fugaz de los medios, ansiosos de algo de color y aburridos de tanta corruptela y tanta crisis. Estamos, más allá de todo eso –insisto, que también-, ante un fracaso de las fuerzas de inteligencia de este país que han probado que, con un poco de simpatía, fachada y descaro, hasta un niño puede burlarles.

Y una cosa más, que sí he escuchado en algún lado. La “fábula del Pequeño Nicolás” tiene, como todas las fábulas, su moraleja. Y es que seguimos siendo ese país, de “¡agua va!” y honras hacia afuera y gentes que pretenden medrar “arrimándose a los ricos”, como el joven Lázaro. Ese país, que ya éramos en el siglo que llamamos “de Oro”, aunque entonces, como ahora, el oro lo veíamos pasar, si lo veíamos, el vasallo era fiel a su señor, mientras le llenase el estómago, las revueltas se aplacaban con fuerza militar y las intrigas se tejían siempre al margen de la ley, en los pasillos de palacio, con el beneplácito de los poderosos.

La risa es sana (o no)

(22/10/2014).- AGS
risaAndaba yo escuchando, en mala hora, el boletín de noticias de esta mañana en una emisora que no viene al caso. Las noticias parecían sacadas de una mala sit-comedy americana. ¿Era creíble lo que escuchaban mis oídos?. Al parecer, la Consellera de Educación de la Generalitat Valenciana, María José Català, se ha declarado incompetente en la gestión de becas, comedor escolar y calendario lectivo. No se asusten, no ha confesado su ineptitud para bregar con ninguna de éstas áreas, sólo se refería a que, entre sus funciones, no se incluyen las de gestionar esos asuntos (http://goo.gl/EXGARl). Y así lo ha hecho saber la Dirección General de Innovación de Política Lingüística, mediante un informe con la firma digitalizada de Catalá, al Síndic de Greuges (o Síndico de Agravios, para los castellanohablantes), que le trasladaba las quejas de la comunidad docente en diversos aspectos del inicio del curso, tales como los que se mencionan. Echar balones fuera y sacudirse responsabilidades es lo que más les gusta a estos políticos que nos gobiernan hoy, por lo que puede verse.
No me inquieta, sin embargo, lo más mínimo, después de haber escuchado otra cosa en el mismo informativo. Se trata de la carcajada y las risotadas escépticas y burlescas que dedicaron los Diputados del Partido Popular al nuevo líder socialista, Pedro Sánchez, en el Congreso de los Diputados cuando, durante el debate sobre los presupuestos para 2015, mencionó la pobreza infantil.
La risa, la carcajada, incluso, es sin duda saludable las más de las ocasiones y tal vez deberían practicarla más Sus Señorías. Pero el PP, que parece equivocarlo todo y mucho más a menudo de lo que nos gustaría, equivocó, otra vez, el momento.
Combatir-la-pobrezael-consejo-que-la-Cepal-le-da-a-México-para-lograrlo

¿De qué se ríen los Diputados del PP?. No era, sospecho, de lo mal que le quedaba la chaqueta al líder socialista ni de lo poco que combinaba con ella la corbata. El primer impacto ya había pasado y tampoco creo que fuera para tanto. Entonces ¿acaso se reían del contenido de su mensaje? ¿Es risible para estos señores (llamémosles así), que un político se preocupe por el hambre de los niños? O, lo que sería peor aún: ¿les resulta divertido que existan niños pobres y por eso lo celebran con algarabía y aspaviento?
Que alguien ría porque un político se preocupe por la infancia es execrable. Que ría porque un niño pasa hambre es propio de una mente sádica a la que produce regocijo la desgracia ajena, o de un psicópata, que carece de una empatía que, los últimos estudios, prueban que tienen hasta los primates no racionales. Que, además, quien ríe sea otro político, cuyo deber es, precisamente, proteger del hambre y de la pobreza a las familias es, sencillamente, demencial. La imagen ofrecida ayer en el parlamento por los miembros del PP (y si hubo algún otro político de otras siglas, por favor considérese citado) me produce rabia, desprecio, antipatía y humillación. Me ofende y me hiere como ciudadano y como persona y me provoca un profundo sentimiento de impotencia por no poder desalojar a estos mercaderes del templo de la Política, con mayúscula.
Tal vez crean que no hay ya, en España, niños que pasan hambre. Si es así, les invito a leer (les aseguro que el ejercicio intelectual no va a desecar más sus cerebros, no se preocupen, señores diputados, que eso son mitos cervantinos), el último Informe de Cáritas Europa, de finales de marzo de 2014, en el que se asegura que España es el segundo país de la Unión Europea (UE) con el mayor índice de pobreza infantil, superado solo por Rumanía. Dice, también, que en España, el riesgo de pobreza entre los niños menores de 18 años se situó en 2012 en el 29,9%, casi nueve puntos por encima de la media de la UE. Asegura que, en apenas dos años, entre 2011 a 2012, la tasa de pobreza en este sector de población aumentó del 15,6% al 19,4% ( http://goo.gl/IJUJ6M )
Pienso, y se me revuelve el estómago, que a estos mequetrefes que manejan el poder que les dejamos en prenda (no lo olvidemos, en democracia el poder es del pueblo, aunque ahora alguien me llamará demagogo), les estamos pagando un sueldo varias veces el de usted, y el mío, para que se mofen de nosotros y de cuantos niños o adultos están sufriendo la situación de crisis que sus “mercados” han fomentado. Les piden soluciones y se ríen. Le hablan de pobreza y a ellos, con sus buches llenos de manjares y opulencia previos a un café de ochenta céntimos en el bar del Congreso, les entra la risa.

¡Ande yo caliente!, que dijo Góngora.